lunes, 27 de junio de 2011

La última vez


Para cada cosa hay una vez, que es la última. Esta frase, que es también el verso de una canción, me hace pensar en todas las últimas veces de las que no fuimos conscientes: la última vez que pisamos el instituto, que nos besamos con aquel novio, que vimos a un ser querido, que salimos de una habitación a la que nunca volveríamos a entrar… -¿sabíamos que realmente sería la última?-

No sé si nuestros políticos, sobre todo los que se estrenan por primera vez, han pensado algo parecido antes de dar el paso: ¿será ésta última vez que...? Carmen Moriyón, sin ir más lejos, ha firmado ya su baja voluntaria como doctora en Cabueñes para dedicarse a su nueva tarea como alcaldesa de Gijón. Cuatro años son pocos en política, pero tal vez se conviertan en demasiados a la hora de volver a ejercer una profesión tan exigente como la médica, en la cual las novedades exigen la actualización constante de los facultativos.

Tampoco sé si se lo preguntan las empresas que nos obligan a ser infieles: las compañías de telefonía y las aerolíneas, especialistas ambas en maltratar al cliente sin la más leve sombra de remordimiento. Hoy, sin ir más lejos mi persona ha sido ninguneada una vez más y hasta el extremo por Iberia. No contentos con no dar explicaciones sobre la cancelación de mi vuelo -creo que no me arriesgo si digo que en lo que llevamos de 2011 no he salido ni una vez en hora- y a pesar de las tres horas de espera sólo ha tenido a bien darme un vale de desayuno que, por supuesto, no incluía el zumo de naranja. Fue entonces cuando pensé “espero que esta vez sea sí, de verdad, la última”, y empecé a darle vueltas a la idea de este post.

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