Las elecciones municipales de mi ayuntamiento este año han sido diferentes antes y después.
Antes porque tanto por un lado como por otro, izquierda y derecha, ha habido un movimiento disgregador y las direcciones de los tres partidos mayoritarios no han sabido conservar la unidad.
En Asturias, como nunca hasta el momento, me he encontrado un panorama abierto, un baile de gente en busca de un partido que les representara. Movimientos de un lado al otro del espectro político que nos han aportado situaciones extrañas, pero que a mí me han gustado.
Veo con buenos ojos a la gente capaz de cambiar de ideas y no por moda, si no por una reflexión profunda, por un análisis de la situación actual. Está bien eso. Ayer eramos ricos, hoy no. Ayer eramos empresarios, hoy trabajadores. Ayer eramos liberados sindicales, hoy emprendedores. Cambios, muchos cambios.
Así, la vida política que llevaba años sin variar ni darnos ningún sobresalto después de las votaciones nos presenta una situación nunca vista. Y en lo que a mi respecta apasionante. Tengo un amigo concejal. No es político y lo que es aún más sorprendente es que si hace tres meses le dicen que va a tener el cargo seguramente no hubiese dado vuelta de la risa.
Hoy es concejal, ¿que hará? ¿a que dedicará sus horas? ¿está preparado? ¿sera justo? ¿trabajará para la ciudad? ¿tendrá un buen sueldo? ¿QUE HACE UN CONCEJAL?
Solo espero que no cambie, que sea trabajador y serio y que consiga que la ciudad que tanto quiero mejore, que falta le hace.
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