A lo largo de los últimos años hemos podido observar como paulatinamente los espectáculos musicales han ido hacia una cartelera en la que prima la cantidad frente a la calidad. Las dos grandes ciudades asturianas Oviedo y Gijón echan el resto en sus semanas de festejos, pero apuestan por programar una gran variedad frente a traer una menor cantidad y cerrar conciertos mainstream con grandes producciones. Asegurándonos con esto que un amplio espectro de gustos queda cubierto en detrimento de traer a los nº1 mundiales, que tiene un valor añadido, el musical más el de poner en el mapa a las ciudades asturianas y atraer gente de fuera.
Desde hace años ninguno de los dos se atreve a pegar un “pelotazo”. Una herida reciente que ha quedado en el corazón de los asturianos fue la monumental pifia del Ayuntamiento de Oviedo en el 2010 al anunciar a bombo y platillo el concierto de Limp Bizkit en la plaza de la catedral durante las celebraciones de San Mateo y gratis, para unos días más tarde eliminar dicho concierto alegando que no podían asegurar la zona. Me gustaría saber quien es el incompetente que tiene la responsabilidad de programar los conciertos y si en su grandísima ignorancia siquiera sabía quienes son Limp Bizkit y qué música hacen. Pues así todo.
Ya no estamos en la liga de campeones de las giras mundiales y creo que vamos a seguir unos cuantos años sin estar. Mientras tanto las reformas en teatros, campos de fútbol y áreas municipales donde acoger grandes eventos siguen. Para luego dejar la programación de dichos espacios en manos de empresas externas que no tienen ninguna intención en invertir cantidades importantes de dinero y arriesgar sus euros a gran escala.
La correcta gestión de eventos públicos entiendo que tiene que ser un coste para la ciudad más allá de un negocio. Los festivales que había en Asturias se han ido lejos porque no hay ni un triste euro de ayuda. Y si la cosa sigue así, exceptuando las fiestas patronales con grupos de medio pelo, vamos hacia el vacío. A lo mejor es lo que se pretende. Contentar a medias a una mayoría para que no protesten.
Yo continúo esperando un gran concierto en mi ciudad que me haga olvidar las decenas de veces que me he tenido que ir más allá del Huerna en busca de lo que algunos de mis amigos llaman ruido. Y con esa esperanza sigo. Llegará un día en el que un alcalde se equivoque y al lado de mi casa haya un concierto para 35.000 personas... Y ese día será muy grande.
Hola, de nuevo. Uno de los problemas de los conciertos de grandes grupos de los circuitos comerciales en este país ha sido la multiplicación de festivales y de competencia económica desleal entre ellos, haciendo que las bandas fijasen sus cachés en cantidades absolutamente enloquecidas. Por otra parte, creo que el modelo de macronciertos puede funcionar cuando consigues la exclusividad, o casi. Yo soy más partidario de cantidad, con calidad, que la hay, aunque se salga de la comercialidad, que de apostarlo todo a una carta, porque, además, puede salir mal. Por otra parte, las modas determinan el éxito o fracaso de una festival. Eventos como el LEV o el Aquasella están a tope, y otros como el fallecido croosroads, o el prehistórico doctor music, fracasaron en cuanto a apoyo del público local, a pesar de contar con carteles de inmensa calidad. ¿Qué fórmula plantearía?. Pues más que apoyo y financiación pública a los conciertos preferiría que desde el poder municipal se facilitase la actividad musical de productoras e iniciativas privadas, locales y sals de conciertos, para que la actividad anual, que no está tan mal, mejorase, porque tiene margen. Oviedo es otro tema.
ResponderEliminar